A algunas personas les parece gracioso, y hasta tierno, que me sonroje por casi cualquier cosa. Pero no lo es. No es que tenga un problema grave ni nada… es sólo que cuando algo me da vergüenza, me arden las mejillas sin poder evitarlo.
Esta mañana he ido al dentista para hacerme una revisión. Hasta aquí todo bien. Lo malo ha venido cuando he visto que el dentista era un chico alto y guapo, un par de años mayor que yo, y con unos ojos azules preciosos (lo sé porque se los he visto un buen rato de cerca…). Imaginaos la situación. Yo colorada y con la boca abierta (y el tubito de la saliva colgando de mi boca), y él diciéndome que si el aire acondicionado estaba bien, que si tenía mucha calor. Menos mal que me dura poco, que si no…
Al final ha resultado muy simpático. Cuando me ha dejado cerrar la boca he podido hablar un poco, y ya se un par de cosas más del dentista guaperas. Y sin que sirva de precedente, he salido del dentista cantando… “tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces…”



